Si lo notan, lo único que desentona es el pobre arruinado de la izquierda. Pero nadie quiere ser él ¿no?
Ayer,
que corría para llegar a la cola de la recarga de tarjetas del
metropolitano entre la Vía Expresa y Javier Prado, no pude evitar
reparar en el hecho de que, muchos de los carros, lucían idénticos entre
sí. Un montón de taxis alineados en fila en medio de una congestión
vehicular aplastante. Y la propia estación, repleta a rebosar, de
personas que sólo querían llegar rápido a casa. Me pareció que salvo una
pequeña porción de gente que conversaba con amigos y familiares, la
mayoría estaba no sólo cansada sino también estresada, irritada.
El conformismo y la amargura convergen en un símple epíteto: que Lima es alguien a quien
no le importa qué suceda con los suyos. Hemos trabajado tanto la imagen
de nuestra ciudad como un mounstruo, que nos hemos creído nuestras
propias palabras y nos hemos olvidado de lo que hizo que se convirtiera
en algo distinto a lo que deseábamos.
La
necesidad actual de éxito, de sobresalir, de estar perfectamente
encajados en medio de una competencia "sana" repleta de estrés, metas,
aspiraciones y en general cualquier cosa que realce nuestra grandeza,
nos ha hecho olvidar los principios básicos de la misma. Grande no es el
que muestra, sino el que otorga. Cuando vi el metropolitano me di
cuenta de que era el medio que la gente usaba para llegar más rápido a
sus refugios de confort: la obra tiene éxito porque le ahorra a la gente
la molestia de un viaje largo antes de llegar a casa. Dicho de otra
manera: lo acerca a los suyos (o a su refugio) ayudándoles a tener más
tiempo de escapismo de su realidad trabajadora.
Como
me señalaría mi hermana: la Lima de los migrantes se ha olvidado de los
sueños de principios de los sesenta. Porque la Lima actual ya no es una
Lima de limeños; el título fue arrebatado desde el instante mismo en
que un hombre, ya fuese de la sierra o de la selva o de la región
geográfica, que planteara Pulgar Vidal, que prefieran, pisó la ciudad
pensando en que iba a llegar a ser algo grande.
La
ciudad no creció porque la gente era pobre y quería hacerse rica. La
ciudad creció por las hermosas historias que narraban los "hermanos"
que se iban a probar suerte a aquella tierra en donde no importaba de
donde vinieras y si tu padre había sido de donde sea que fuere, porque
al final todos eran migrantes y si bien su catalogación era inferior
(porque importa mucho si tu padre llegó un mes antes o diez años antes
ya que de esa manera aun recrean su estúpida idea de status) tenías las
posibilidades de ser alguien. Por la promesa de felicidad plasmada en
sus rostros. Porque vivir en una ciudad rodeado de gente que piensa que
puede ser grande es contagioso. Porque así nacieron las verdaderas
metrópolis.
¿En
qué momento entonces nuestra Lima torció su camino? Yo más bien diría
que no lo torció, sino que aceleró al precipicio. No es que la gente
alcanzara la grandeza, es que los que llegaron antes y la alcanzaron han
de asegurarse de que haya también vasallos soportando su pedestal. Es
una realidad turbia, que nadie dirá de frente en una conversación de
domingo. Pero real, al fin, como que el calentamiento global es una
tragedia mundial o que cada día los osos polares tienen menos esperanzas
de sobrevivencia.
Aquí el dinero compra fachada, pero no "status".
Aquí la gente no recordará que tu llegaste en los 90's cargando tu
atado al hombro sin un inti y que trabajaste duro hasta el punto de
"deslomarte", para sobrevivir a la crisis y contruir tu casita en el
terreno que invadiste en Los Olivos cuando sólo te alcanzó la plata para
comprar tus esteras y tus palos. Pero si llegas a asomar la nariz a un
círculo allá arriba (o más bien lo hacen tus hijos), donde no estuviste
antes, la gente recordará que justamente tus hijos no iban a tomar el
lonche a la casa provisional de la amable mujer de nombre inglés que
solían tener de visita antes o de en cuantos paseos playeros no
estuviste porque aun no estabas allí. Sí, la fachada te la compras, pero
el encajarte te lo ganas con algo más que dinero (y arreglos
quirúrgicos) o seguirás siendo aquel elemento que se insertó a sí mismo
pero sigue siendo ajeno.
¿Y
qué hay de otros lugares? También hay verdades que se callan. La ciudad
te da ese aire anónimo al que muchas personas, hartas de que recuerden
hasta el segundo apellido de su bisabuelo, mueren por acceder. No hay un
pueblo chico infierno grande. Pero al final o bien se dejan
absorver por el mar de indiferencia o bien terminan asqueados ante tanta
frialdad, formalidad absurda y conformismo.
Porque eso es lo que sigue jalando hacia abajo a nuestra Lima la gris.
Porque, en lo profundo de sus cerebros, saben que no le pusieron ese
sobrenombre por el color que antes tenía la plaza de armas o por el
cielo encapotado de las mañanas. Es porque odian el uniformismo al que
los obliga a enrolarse la ciudad. Porque a veces las distracciones
citadinas no bastan para olvidar que mañana podrías ser el titular de
américa televisión, con su típica morbosidad matutina, y a nadie le va a
importar, mas que a aquellos que te acompañan a diario, y que caerás en
el olvido en menos tiempo del que siquiera imaginaste.
Entonces
¿qué hacer con el conformismo? No hablo de aspirar a un trabajo fijo y
tener el dinero para pagar el cuarto de alquiler. Eso era conformismo en
el siglo XX. Hablo del conformismo del siglo XXI ese que te subordina a
una idea fija de "éxito" como un esclavo miserable que no es capaz de
tomar decisiones por sí mismo; porque tienes que comprarte el depa, el
carro, o porque tienes que irte a Europa y hacerte el tour antes de que
te hagas viejo y tengas que pagarte el crucero. Porque no estas a la
moda y eso te hace desentonar ¿pero no era acaso desentonar lo que
querías? Pero claro que no, desentonar jamás, sólo ser "especial".
Cuando no la pintaban aun y todavía había carros en la plaza.
Lima
no tiene una crisis de desarrollo. Tiene una crisis de identidad. Lima
olvidó su título de ciudad de los reyes en algún cajón en medio de la
violencia vivida. Y ahora "sobrevive" temerosa de su propia
delincuencia, corrupción, pobreza y "anonimidad". Porque ya se ha cansado de personas que no
hacen más que vivir para consumir y que sólo pueden pensar en pagar las
deudas, el dinero para la comida, que su hijo este en un colegio que le
haga ingresar directamente a la universidad o, en el mejor de los casos,
en cómo cuernos hacer para quitarse de encima esa pobreza y la tierra
del cerro o el arenal que ya estuvo bueno de ajustarse los cinturones.
Porque
la cima de nuestra sociedad es tan endogámica como la propia base y
porque la gente está tan harta (pero no hace nada, claro) que empiezan a
odiarse a sí mismos. Como ciudad (como no vivo en Suiza o Auckland o
Cuzco, que diablos, mejor aire y cielo azul cerca de una maravilla) ,
como individuos (cuando sea grande tendré mi carro y no tendré que
aguantarme a este estúpido cobrador, que no se puede aguantar cinco
cuadras para pasar otra vez a pedir el pasaje en este bus que si no
fuera porque hay baches se me adormecen las piernas de tan apretadas),
como humanos (esta sociedad esta mal, la gente sólo quiere plata, los
políticos son unos corruptos, la juventud esta corrompida) y como
peruanos (el peruano esta acostumbrado a la viveza, piensa que es más
inteligente porque sabe engañar).
Pero
la promesa de cambio no llega nunca. Realmente ¿vale la pena? ¿Alguien
puede empezarla? Dudo mucho que haya algún machito que diga yo. Por eso,
yo me atrevo aquí y ahora y digo: "Yo lo haré". A ver que sale, a ver
si así alguien se detiene a escuchar, ese sonido de una ciudad que puede
ser tan grande, si la gente se limitara a ver más allá de su nariz y se
diera cuenta de que se esta perdiendo lo mejor de la diversidad
cultural que existe (porque no es necesario que vayas a buscarlo fuera,
no): nuestro crisol capitalino.
Porque estoy cansada de oir "estoy harta de la ciudad", "quisiera un poco de aire puro", "no aguanto la ruta del bus", "por mí me iría a vivir al campo" de gente que no vive sin su reacondicionador, su smathphone, su mpg4 y su lap top. Porque sus calles, pueden estar "llenas" de choros, pero lo que la mayoría a veces olvida es que no sólo existe la mitad que aspira un polvo blanco para envalentonarse, sino también la mitad que va a persignarse al muro de la virgen exactamente por las mismas razones.
Así, o más multidiversos.
EM
Porque estoy cansada de oir "estoy harta de la ciudad", "quisiera un poco de aire puro", "no aguanto la ruta del bus", "por mí me iría a vivir al campo" de gente que no vive sin su reacondicionador, su smathphone, su mpg4 y su lap top. Porque sus calles, pueden estar "llenas" de choros, pero lo que la mayoría a veces olvida es que no sólo existe la mitad que aspira un polvo blanco para envalentonarse, sino también la mitad que va a persignarse al muro de la virgen exactamente por las mismas razones.
Así, o más multidiversos.
EM
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